
Sentada en mi duro respaldo de hormigón con mi diario sobre las rodillas, mientras el sol traspasa mi mirada dejando ver solo su maravillosa luz cegadora, la brisa de un viento puro y fresco llena de nuevo mis pulmones; completándolos de una hermosa armonía, pudiendo respirar al fin profundamente. Podía sentir como mi cuerpo se relajaba a pesar del incómodo y brusco asiento de recuerdos que yacía tras él. Por fin llego ese momento tan deseado de ser un Fénix, esa ave tan majestuosa de plumaje rojo, anaranjado y amarillo incandescente, de fuerte pico y garras, que alza sus alas y resurge de sus cenizas desafiando a la muerte.
Hoy te desafío, silencioso tornado que arrasas mi vida interrumpiendo todo en lo que un día creí, esa absurda realidad tan paralela a la verdadera pero tan falsa al fin y al cabo. Ahora desde la otra realidad regreso gritando entre las cenizas con sangre fruto de mi sufrimiento que demuestro en cada una de estas palabras. Te grito a ti, tú que solo deseas tu propia felicidad… a ti que tan solo te queda la manzana que se pudrirá con el paso del tiempo.
Descuide mi corazón. Yo, la única culpable de mi sufrimiento arranco mi primera página de mi quebradizo diario, textos narrados con sufrimientos junto a mis palabras borrosas fruto la caída de mil lágrimas sobre ellas. El comienzo del sonido desgarrador al desprenderse la hoja del cuaderno, se asimila a mi corazón y mi realidad, hace derramar mi primera lágrima. La segunda abre una cicatriz ya casi olvidada, ese porqué que grité alguna vez con la voz roca y desgarradora a un espejo en el que solo estaba mi reflejo algo nublado que permaneció mudo. La tercera me vi andando envuelta en una espesa y abrumadora oscuridad que me embargaba, en este túnel sin salida de emergencia que me tenia prisionera dentro de este, mi cuerpo, intentando no pensar y llegar al más intenso olvido. En la cuarta fue un empujón hacia un abismo presente, la sombra de una sirena que encalló en la barra de un bar, la imagen de una mujer que vende rosas para quitarse una espina, la imagen de una lágrima…. Demasiadas páginas que arrancar, decido tirar el diario entero al latón oxidado. Tras un efímero suspiro lanzo la primera y única cerilla encendida, y durante un corto periodo observo como se consumen las hojas. Noto como mi última lágrima que me quedaba comienza a surcar mi rostro y me marchO.

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