
Una realidad que no se asemeja absolutamente en nada a la que te mente dibuja cínicamente día tras día, con la ayudad de la credibilidad y confianza que depositas en tus… ¿amigos?....Años de amistad, meses de cariño, semanas de compañía, horas de felicidad, minutos de esperanza, segundos de vida …
De repente te levantas y todo se ha esfumado de un único y veloz soplo, como si de un sueño se tratara. Despiertas en medio de una batalla: como bandos enfrentados, personas que un día fueron una sola; como armas…¿qué mejores armas que la falsedad, la hipocresía y la sonrisa que actúa como careta del disfraz de cada batallante, para destruir quebradizamente cada resquicio del interior de un ser humano? ¿Qué mejores balas que los insultos gritados en el silencio? ¿Qué mejor golpe final para concluir la victoria que el de dar la espalda a aquellos que un día, no muy lejano, formaron parte de ti?Una guerra comenzada sin un principio concreto pero sí con un final muy definido: nada volverá a ser como antes.
Tras este panorama destructor, aun queda algo peor, algo que por desgracia, te une mediante un fino y cortante hilo a la batalla ya emprendida. Un hilo que no por fino, es menos fuerte, arrastrándote en una pericia continua de un bando a otro, mostrándote a su vez, hasta el más minúsculo e insignificante punto débil de los oponentes, catalizando segundo a segundo la destrucción de tus creencias más profundas, de tus ilusiones más felices, de los momentos más maravillosamente vividos y sobre todo, se quema en una ardiente hoguera de sentimientos la realidad del cuento en el que creías vivir; desilusión, desconfianza, rabia … unos tras otro se desencadenan frenéticamente, fundiéndose y dando paso a una dura actitud abúlica dominada por la vulnerabilidad y la pequeñez del ser humano antes todo esto. El hecho de poder ver, poder oír, poder sentir… pero desgraciadamente no poder hacer nada por remendar la incontenible situación, como si te encontraras al borde de un precipicio habitado por un profundo silencio, escuchando chirriantes y estruendosas voces por cada rincón del lugar, y las ataduras que rodean tus manos te impiden tapar tus oídos en defensa a esas penetrante vocifero.
Sin más, decides en definitiva, arrojarte al vacío del porvenir; allí solo existe un camino, una vía, una única salida: esperar; esperar a saber lo que el misterioso, curioso e ingenioso destino nos aguarda.
Mientras tanto seguiremos viviendo en nuestro maravilloso mundo de cuentos donde los enanitos se matan entre si, donde las princesitas toman el relevo a las madrastras, donde todas ellas comieron de la manzana de Blancanieves y aun así la siguen mordiendo, donde el príncipe encantado se encargó de desencantar cualquier posible final feliz.
¿Y quien soy yo? La princesita Bella que se ha colado en el cuento de blanca nieves...
By:Mi kerida y verdadera enanita

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